Cómo dar el primer paso y empezar a correr riesgos para cumplir tus sueños.




Para alcanzar una meta que valga la pena es necesario arriesgarse. Amelia Earhart lo creía así, y su consejo cuando se enfrentó a los riesgos fue sencillo y directo: «Decide si lo que quieres lograr es digno de los riesgos que puedes correr. Si la respuesta es positiva, deja de preocuparte». La realidad es que todo en la vida tiene sus riesgos. Si quiere evitarse los riesgos, entonces no haga nada de lo que apunto a continuación:


  1. No conduzca un automóvil. Son la causa del 20% de los accidentes fatales.

  2. No viaje ni por aire, ni por tren, ni por agua. El 16% de todos los accidentes ocurren en esta actividad.

  3. No camine por la calle. El 15% de todos los accidentes ocurren allí.

  4. No permanezca en su casa. El 17% de todos los accidentes ocurren en la casa.


En la vida no hay lugar seguro ni actividad sin riesgos. Helen Keller, escritora, conferenciante y defensora de las personas limitadas físicamente, dijo: "La seguridad es más que nada una superstición. No existe en la naturaleza ni entre los hijos de los hombres como una experiencia global. A la larga, evitar el peligro no es más seguro que exponerse a él. La vida es una aventura divertida o no es nada".


Todo en la vida demanda riesgos. Es cierto que usted corre el riesgo de fracasar si intenta algo audaz porque puede perderlo. Pero también corre el riesgo de fracasar si se mantiene inactivo y no intenta nada. G. K. Chesterton escribió: "No creo en un destino que cae sobre el hombre cada vez que actúa; pero sí creo en un destino que cae sobre él si no actúa".


Mientras menos se atreva, mayor será el riesgo de fracasar. Irónicamente, mientras mayor es el riesgo a fracasar (y realmente fallar), mayores son las probabilidades de tener éxito.


Cuando de arriesgarse se trata, creo que hay dos clases de personas: las que no se atre- ven a intentar cosas nuevas, y las que no se atreven a perdérselas.


Las que no se atreven Las que no quieren perderlas

1. Se resisten a las oportunidades. 1. Encuentran las oportunidades.

2. Racionalizan sus responsabilidades. 2. Cumplen con sus responsabilidades.

3. Persisten en sus imposibilidades. 3. Se alimentan de las imposibilidades. 4. Apagan el entusiasmo. 4. Alientan la llama del entusiasmo.

5. Analizan sus limitaciones. 5. Enfrentan sus limitaciones.

6. Retroceden ante los fracasos de los demás. 6. Analizan la razón del fracaso de los demás.

7. Rechazan el costo personal involucrado 7. Asumen el costo en su forma de vida. 8. Reemplazan las metas con placer. 8. Hallan placer en la meta.

9. Se alegran de no haber fallado. 9. Le temen a la futilidad, no al fracaso. 10. Descansan antes de haber terminado. 10. Terminan antes de descansar.

11. Resisten el liderazgo. 11. Siguen a los líderes.

12. Se mantienen sin cambiar. 12. Fuerzan el cambio.

13. Repiten los problemas. 13. Buscan soluciones.

14. Dudan ante sus compromisos. 14. Cumplen con sus compromisos.

15. Cambian de actitud ante sus decisiones. 15. Mantienen sus decisiones.


TRAMPAS QUE HACEN QUE LA GENTE NO ESTÉ DISPUESTA A ARRIESGARSE


Si una empresa riesgosa tiene un beneficio potencial grande, entonces, ¿por qué la gente no la abraza como se abraza a un amigo? Creo que no lo hacen porque tienden a caer en una o más de las siguientes seis trampas:


1. La trampa de la vergüenza


Muy dentro de nosotros, a nadie le gusta lucir mal. Si se arriesga y cae de narices en el suelo, sin duda que se va a sentir avergonzado. ¿Qué hace entonces? Se pone de pie. La única manera de aprender a hacer las cosas mejor es seguir adelante, incluso pasando por sobre los que lo hicieron caer. Poco progreso es mejor que ningún progreso. El éxito se logra dando pequeños pasos. Si tropieza al dar un paso pequeño, no importará mucho. No envuelva la basura en papel de regalo. Deje que los pequeños fracasos se vayan y usted siga su camino.


2. La trampa de la racionalización


La gente que queda presa en la trampa de la racionalización, duda de cualquiera cosa que haga, y mientras se prepara para entrar en acción, se dice: «Quizás no sea tan importante». La verdad es que si espera demasiado, nada será importante. O como lo establece la quinta regla de la dilación de Ed: «Pasa suficiente tiempo confirmando la necesidad y la necesidad desaparecerá».


3. La trampa de la expectativa desproporcionada.


Por alguna razón, mucha gente piensa que en la vida todo debería ser fácil, y cuando se dan cuenta que alcanzar metas demanda esfuerzo, se rinden. El éxito demanda trabajo duro. Piense en este proverbio latino: «Si no hay viento, rema». Mientras se prepara para arriesgarse, no espere vientos favorables. Empiece a acostumbrarse a la idea de que quizás tenga que remar; entonces, si recibe ayuda, será una grata sorpresa.


4. La trampa de la justicia.


Dick Butler comenta: «La vida no es justa, y no será justa. Deje de lloriquear y de quejarse y decídase a hacer lo que tiene que hacer». El deseo de no asumir tal o mas cual riesgo no le hará las cosas más fáciles. Realmente, puede ser más difícil. Usted tiene que decidir cómo va a actuar.


5. La trampa del tiempo.


Algunas personas tienden a pensar que hay un tiempo perfecto para hacer las cosas, y no es así. Entonces, esperan. Pero Jim Stovall advierte: «No espere que todas las luces estén verdes para salir de casa». Si usted espera el momento perfecto, es posible que se pase la vida esperando. Y mientras más espera, más cansado se sentirá. William James aclara sabiamente: «No hay nada que canse más que un trabajo sin terminar». No use el tiempo como una excusa para la postergación.


6. La trampa de la inspiración.


En una ocasión, alguien dijo: «No tiene que estar contento de empezar, sino que debe empezar a estar contento». Mucha gente quiere esperar a estar inspirada para empezar a arriesgarse. Encuentro que esto es especialmente cierto entre la gente con inclinación artística. Como dijo el dramaturgo Oscar Wilde cuando le preguntaron cuál era la diferencia entre un escritor profesional y uno aficionado, la diferencia es que el aficionado escribe cuando siente hacerlo, en tanto que el profesional escribe aunque no sienta hacerlo.


¿ESTÁ TOMANDO SUFICIENTES RIESGOS?


Al examinar la forma en que vive, piense si está tomando suficientes riesgos, no riesgos inadvertidos, sino conscientes. Aunque usted no cayera en una de las seis trampas que acabamos de señalar, todavía es posible que esté actuando muy a la segura. ¿Cómo saberlo? Observando sus errores. Fletcher L. Byrom dice: Asegúrese de generar un número razonable de faltas. Yo sé que en algunas personas estas llegan solas, pero hay muchos ejecutivos que tienen tanto miedo a cometer un error, que hacen inflexibles a sus organizaciones con controles y controles dobles, des- alientan la innovación y, al final, se estructuran a sí mismos de tal manera que pierden la oportunidad de catapultar a su compañía hacia las alturas del éxito.


De modo que es bueno que eche una mirada a su propia realidad, y si ve que ha llegado al final de un año sin haber cometido una falta, entonces yo le voy a decir, mi amigo, que usted no ha intentado nada de lo que debió de haber intentado. Si está teniendo éxito en todo lo que esté haciendo, entonces probablemente no se está exigiendo demasiado. Eso significa que no está tomando suficientes riesgos.

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