La historia de la vaca: Cómo las cosas que creemos buenas nos mantienen estancados.





Esta historia sin duda cambiara tú forma de ver las cosas, así como me ayudo a mi.. Considero que la historia de la vaca es un relato sobre cómo deshacernos de aquellos hábitos, excusas y creencias que nos mantienen atados a la mediocridad y debería ser enseñada desde que somos muy pequeños, sin duda nos ayudaría a entender mejor muchas cosas.


Siempre he creído que el peor enemigo del éxito es el conformismo. Esta metáfora ilustra los efectos tan devastadores que éste puede tener en nuestra vida y los grandes cambios que pueden ocurrir cuando finalmente decidimos deshacernos de todas nuestras excusas. No obstante, deseo que sea el lector quien decida qué enseñanza quiere derivar de esta historia. Y aunque, es probable que a esta altura, aún le sea imposible entender el significado de la siguiente afirmación, si encuentra que no aprendió nada... ¡Esa es su vaca!



La historia de la vaca

Camilo Cruz


La historia cuenta que un viejo maestro deseaba enseñar a uno de sus discípulos la

razón por la cual muchas personas viven atadas a una vida de conformismo y

mediocridad y no logran superar los obstáculos que les impiden triunfar. No obstante,

para el maestro, la lección más importante que el joven discípulo podía aprender era

observar lo que sucede cuando finalmente nos liberamos de aquellas ataduras y

comenzamos a utilizar nuestro verdadero potencial.


Para impartir su lección al joven aprendiz, aquella tarde el maestro había decidido

visitar con él algunos de los parajes más pobres de la provincia. Después de caminar

un largo rato encontraron el que debía ser el vecindario más triste y desolador de

aquella comarca y se dispusieron a buscar la más humilde de todas las viviendas.


Aquella casucha a medio derrumbarse, que se encontraba en la parte más distante de

aquel caserío, debía ser -sin duda alguna- la más pobre de todas. Sus paredes

milagrosamente se sostenían en pie, aunque amenazaban con derribarse en cualquier

momento; el improvisado techo dejaba filtrar el agua, y la basura y los desperdicios

que se acumulaban a su alrededor daban un aspecto decrépito a la vivienda. Sin

embargo, lo más sorprendente de todo era que en aquella casucha de 10 metros

cuadrados pudiesen vivir ocho personas. El padre, la madre, cuatro hijos y dos

abuelos, se las arreglaban para acomodarse en aquel lugar.


Sus viejas vestiduras y sus cuerpos sucios y malolientes eran prueba del estado de

profunda miseria que reinaba allí. Sus miradas tristes y sus cabezas bajas dejaban ver

que la inopia no sólo se había apoderado de sus cuerpos sino que había encontrado

albergue en su interior.


Curiosamente, en medio de este estado de penuria y pobreza total, esta familia

contaba con una posesión poco común en tales circunstancias: una vaca. Una

flacuchenta vaca que con la escasa leche que producía, proveía a aquella familia con

el poco alimento de algún valor nutricional. Esta vaca era la única posesión material

con que contaban, y parecía ser lo único que los separaba de la miseria total.


Y allí, en medio de la basura y el desorden, pasaron la noche el maestro y su novato

discípulo. Al día siguiente, muy temprano y asegurándose de no despertar a nadie, los

dos viajeros se dispusieron a continuar su camino. Salieron de la morada y antes de

emprender la marcha, el anciano maestro le dijo en voz baja a su discípulo: “Es hora

de que aprendas la lección que has venido a aprender”.


Después de todo, lo único que habían logrado durante su corta estadía era poder ver

los resultados de una vida de conformismo y mediocridad, pero aún no estaba claro

para el joven discípulo cuál había sido la causa que había originado tal estado de

desidia. Ésta era la verdadera lección, el maestro lo sabía y el momento de aprenderla

había llegado.


Ante la incrédula mirada del joven, y sin que éste pudiese hacer nada para evitarlo,

súbitamente el anciano sacó una daga que llevaba en su bolsa y de un solo tajo

degolló a la pobre vaca, la cual se encontraba atada a la puerta de la vivienda.

¿Qué has hecho maestro? -dijo el joven con voz angustiada- buscando no despertar a

nadie.¿Qué lección es ésta que amerita dejar a esta familia en la ruina total? ¿Cómo

has podido matar esta pobre vaca, que representaba la única posesión con que

contaba esta familia?


Inmutado por el estado de angustia de su joven discípulo y haciendo caso omiso a sus

interrogantes, el anciano se dispuso a continuar la marcha. Así pues, dejando atrás la

macabra escena, maestro y discípulo partieron, con aparente indiferencia del primero

por la suerte que podía correr esta pobre familia ante la pérdida de su única posesión.

Durante los días siguientes, una y otra vez, el joven era asaltado por la nefasta idea de

que, sin aquella vaca, la familia seguramente moriría de hambre. ¿Qué otra suerte

podían correr después de haber perdido su única fuente de sustento?


La historia cuenta que un año más tarde, los dos hombres decidieron regresar

nuevamente por aquel lugar para ver qué suerte había corrido aquella familia. En

vano buscaron la humilde posada. El lugar parecía ser el correcto, pero donde un año

atrás se encontrara la humilde vivienda, ahora se levantaba una casa grande, que

daba la apariencia de haber sido construida recientemente. Se detuvieron por un

momento para observarla desde la distancia y asegurarse que estaban en el mismo

lugar.


Lo primero que pasó por la mente del joven fue el nefasto presentimiento de que

seguramente la muerte de la vaca había sido un golpe demasiado fuerte para aquella

pobre familia. Muy posiblemente se habían visto obligados a abandonar aquel lugar y

ahora, una nueva familia, con mayores posesiones, se había adueñado de él y había

construido una mejor vivienda.


¿Adónde habrían ido a parar aquel hombre y su familia? ¿Qué habría sucedido con

ellos? ¿Cómo se alimentaban los niños, ahora que no contaban con la leche de

aquella vaca? Quizás la pena moral había sido suficiente para doblegarlos. Todo esto

pasaba por la mente del joven discípulo mientras que, vacilante, se debatía entre acercarse a la nueva vivienda a indagar por la suerte de los antiguos moradores o continuar el viaje y evitar confirmar sus peores sospechas.


Cuál sería su sorpresa cuando del interior de aquella casa salió el mismo hombre que

un año atrás les diera posada en su vivienda. Pero esta vez, su aspecto era totalmente

distinto, el brillo en sus ojos, su cuerpo aseado y su amplia sonrisa daban muestra de

que algo significativo había sucedido. El joven no podía dar crédito a lo que veían sus

ojos. ¿Cómo es posible? ¿Qué sucedió aquí? Preguntó notablemente sorprendido.

“Hace un año en nuestro breve paso por este lugar, fuimos testigos de la inmensa

pobreza en que ustedes se encontraban. ¿Qué ocurrió durante este lapso para que

todo esto cambiara?”


Ignorante del hecho de que el discípulo y su maestro habían sido los causantes de la

muerte de su vaca, el hombre relató como, coincidencialmente, el mismo día de su

partida, algún maleante, envidioso de su vaca, había degollado salvajemente al pobre

animal.


El hombre continuó relatándole a los dos viajeros cómo su primera reacción ante la

muerte de la vaca había sido de desesperación y angustia. Por mucho tiempo, la poca

leche que producía la vaca había sido su única fuente de sustento. Más aún, el poseer

esta vaca les había ganado el respeto de sus menos afortunados vecinos, quienes

seguramente envidiaban no contar con tan preciado bien.


Sin embargo, continuó el hombre, poco después de aquel trágico día, nos dimos

cuenta que a menos que hiciéramos algo, muy probablemente, nuestra propia

supervivencia estaría en peligro. Necesitábamos comer, debíamos buscar otras fuentes

de alimento para nuestros hijos, así que limpiamos el patio de la parte de atrás de la

casucha, conseguimos algunas semillas y decidimos sembrar vegetales y legumbres

con los que pudiésemos alimentarnos.


Después de algún tiempo notamos que la improvisada granja producía mucho más de

lo que necesitábamos para nuestro propio sustento, así que comenzamos a venderle a

nuestros vecinos algunos de los vegetales que sobraban y con este dinero compramos

más semillas. Poco después vimos que nos sobraba suficiente de lo que cosechábamos

como para venderlo en el mercado del pueblo. Así lo hicimos y por primera vez en

nuestra vida pudimos tener dinero suficiente para comprar mejores vestimentas y

arreglar nuestra casa. De esta manera, poco a poco, este año nos ha traído una vida

nueva. Es como si la trágica muerte de nuestra vaca, hubiese abierto las puertas a una

nueva esperanza.


El joven, quien escuchaba atónito la increíble historia, entendió finalmente la lección

que su sabio maestro buscaba enseñarle. Era obvio que la muerte de aquel animal

había sido el principio de una vida de nuevas y mayores oportunidades.


- ¿Tú crees que si esta familia aún tuviese su vaca, estaría donde ahora se

encuentra?


- Seguramente no, respondió el joven.


- ¿Si ves? La vaca, fuera de ser su única posesión, era también la cadena que los

mantenía atados a una vida de conformismo y mediocridad. Al no contar más

con la falsa seguridad que les proveía el sentirse poseedores de algo, así no

fuese más que una flacuchenta vaca, debieron tomar la decisión de esforzarse

por buscar algo más.


- En otras palabras, la misma vaca que para sus vecinos era una bendición, a

ellos les daba la sensación de no estar en la pobreza total, cuando en realidad

estaban viviendo en medio de la miseria.


- ¡Exactamente! Respondió el maestro. Así es cuando tienes poco, porque lo

poco que tienes se convierte en una cadena que no te permite buscar algo

mejor. El conformismo se apodera de tu vida. Sabes que no eres feliz con lo

que posees, pero no eres totalmente miserable. Estás frustrado con la vida que

llevas, mas no lo suficiente como para querer cambiarla. ¿Ves lo trágico de esta

situación?


Cuando tienes un trabajo que odias, con el cual no logras satisfacer tus

necesidades económicas mínimas y el cual no te trae absolutamente ninguna

satisfacción, es fácil tomar la decisión de dejarlo y buscar uno mejor. No

obstante, cuando tienes un trabajo que no te gusta, pero que suple tus

necesidades mínimas, que te ofrece cierta comodidad pero no la calidad de

vida que verdaderamente deseas para ti y tu familia, es fácil conformarte con lo

poco que tienes. Es fácil caer presa del “dar gracias ya que por lo menos

cuentas con algo... Después de todo, hay muchos que no tienen nada y ya

quisieran poder contar con el trabajo que tú tienes.”


Esta idea es una vaca, y a menos que te deshagas de ella, no podrás

experimentar un mundo distinto al que has estado viviendo. Estás condenado

de por vida a vivir víctima de limitaciones impuestas. Es como si hubieses

decidido vendar tus ojos y conformarte con tu suerte.


Todos tenemos vacas en nuestras vidas. Llevamos a cuestas creencias, excusas

y justificaciones que nos mantienen atados a una vida de mediocridad.

Poseemos vacas que no nos dejan buscar mejores oportunidades. Cargamos

con pretextos y disculpas de por qué no estamos viviendo la vida que en

realidad queremos vivir. Nos damos excusas que ni nosotros mismos creemos,

y que nos dan un falso sentido de estar bien, cuando frente a nosotros se

encuentra un mundo de oportunidades por descubrir; oportunidades que sólo

podremos apreciar una vez hayamos matado nuestras vacas.


“Qué gran lección”, se dijo a sí mismo el joven discípulo. Inmediatamente pensó en

sus propias vacas, en aquellas limitaciones que él mismo se había encargado de

adquirir a lo largo de toda su vida. Prometió liberarse de todas las vacas que lo

habían mantenido atado a una vida de mediocridad y le habían privado de utilizar su

verdadero potencial.


Indudablemente, aquel día, marcaría el comienzo de una nueva vida, ¡una vida libre

de vacas!


Definamos la vaca


La vaca simboliza todo aquello que nos mantiene atados a la mediocridad. Representa

todo aquello que nos invita al conformismo y por ende nos impide utilizar nuestro

potencial al máximo. Lamentablemente, todos cargamos con más vacas de las que

estamos dispuestos a admitir, cada una con características especiales. He aquí algunas

de las más comunes:


- Las vacas más frecuentes son las excusas con las que pretendemos explicar por

qué no hemos hecho algo que sabemos que debemos hacer.


- Una vaca también es una idea con la cual buscamos convencernos a nosotros

mismos y a los demás, que la situación no está tan mal como parece. Esto, a

pesar de que ya no la podamos soportar ni un minuto más.


- La vaca también puede ser un pensamiento irracional que nos paraliza y no

nos deja actuar. De hecho, la inmensa mayoría de los temores son vacas.


- En ocasiones, las vacas toman la forma de falsas creencias que no nos permiten

utilizar nuestro potencial al máximo.


- Las justificaciones, por lo general, son vacas disfrazadas. Éstas son

explicaciones que hemos utilizado por largo tiempo para justificar por qué

estamos donde estamos, a pesar de que no quisiéramos estar ahí.


Como ves, las vacas pueden adoptar diferentes formas y disfraces que las hacen

perceptibles en mayor o menor grado. En general, toda idea que te debilite, que te dé

una salida o te ofrezca una escapatoria para eludir la responsabilidad por aquello que

sabes que debes hacer, es seguramente una vaca.


Las excusas son las vacas más comunes; maneras cómodas de eludir nuestras

responsabilidades y justificar nuestra mediocridad buscando culpables por aquello que

siempre estuvo bajo nuestro control.


Las excusas son una manera de decir: “yo lo hice pero no fue mi culpa”. “Sé que

llegué tarde pero la culpa fue del tráfico”, “perdí el examen pero la culpa fue del

maestro que no nos dio suficiente tiempo para estudiar”, “no he avanzado en mi

trabajo pero la culpa es de mi jefe que no sabe apreciar mis talentos”, “fracasé en mi

matrimonio pero la culpa fue de mi esposa que no me supo comprender”. Todas estas son vacas que lo único que buscan es exonerarnos de toda responsabilidad y

colocarnos en el papel de víctimas. (¡Qué vacas!)


Hay tres elementos importantes que debes entender acerca de las excusas:


1. Que si verdaderamente quieres encontrar una disculpa para justificar cualquier

cosa, ten la plena seguridad que la hallarás sin mayor dificultad.


2. Cuando comiences a utilizar una excusa (vaca), ten la total certeza que

encontrarás aliados. ¡Sí! No importa qué tan increíble y absurda pueda sonar,

vas a encontrar personas que la crean y la compartan. Ellas te van a decir, “yo

sé como te sientes porque a mí me sucede exactamente lo mismo”.


3. La tercera verdad acerca de las excusas es que una vez las des, nada habrá

cambiado en tu vida, ni en tu realidad personal. Tu mediocridad seguirá ahí y

el problema que estás evitando enfrentar mediante el uso de esa excusa

permanecerá igual. No habrás avanzado hacia su solución, por el contrario,

habrás retrocedido.


Sin embargo, el mayor peligro asociado con dar excusas es que cada vez que

las utilizas las llevas un paso más cerca de convertirse en tu realidad. Por

ejemplo, si con frecuencia utilizas la disculpa “no tengo tiempo” para justificar

el por qué no estás haciendo muchas de las cosas que sabes que deberías estar

haciendo, descubrirás que poco a poco comenzarás a perder el control total

sobre tu tiempo y tu vida. Pasarás a vivir una vida reactiva, de urgencia en

urgencia, sin tiempo para trabajar en lo verdaderamente importante. Lo cierto

es que las excusas son una manera poco efectiva de lidiar con el peor enemigo

del éxito: La mediocridad.


Ciertos pensamientos se convierten en vacas porque nos paralizan y no nos dejan

actuar. Muchas veces son ideas que hemos venido repitiendo sin saber por qué,

conceptos que escuchamos de otras personas y que la repetición y el tiempo las han

convertido en dichos populares que no son más que mentiras revestidas de una fina

capa de algo que se asemeja a la verdad.


Un ejemplo de esto es la idea tan común de: “Yo soy una persona realista”. ¿Si ves?

Si le preguntas a una persona positiva si ella es optimista, con seguridad te dirá que sí.

No obstante, si le preguntas a una persona negativa si ella es pesimista, seguramente

te responderá algo así: “Yo no soy pesimista, yo simplemente soy realista”.


¿Ves por qué este pensamiento es una vaca? Si aceptas que eres pesimista, negativo y

amargado, es posible que tarde o temprano decidas que necesitas cambiar y optes por buscar ayuda para hacerlo. Sin embargo, si crees que estás siendo realista, pues lo

más probable es que no sientas la necesidad de cambiar. Después de todo, ser realista

es tener los pies sobre la tierra y ver las cosas tal como son. O por lo menos eso es lo

que los realistas creen. No obstante, si observas con cuidado, te darás cuenta que las

denominadas “personas realistas” tienden a ser pesimistas y a tener expectativas

negativas. Así que como ves, la vaca “soy una persona realista”, no sólo no te impide

ver tu propio pesimismo, sino que actúa como un lente a través de cual ves el mundo

que te rodea.


Si te pones unos lentes oscuros, todo lo vas a ver oscuro; si utilizas unos lentes con

un tinte verde, todo lo verás verdoso. De la misma manera, el pesimista vive en un

mundo negativo y deprimente, mientras que el optimista vive en un mundo positivo y

lleno de oportunidades. Sin embargo, los dos están viviendo en el mismo mundo. Las

diferencias que ellos observan son sólo el resultado de sus pensamientos dominantes.


Los pesimistas, por ejemplo, tienden a reaccionar negativamente ante todo, casi de

manera automática. Su visión de la vida y sus expectativas son casi siempre pobres. Y

no es que hayan nacido así, su pesimismo ha sido un comportamiento aprendido o

socialmente condicionado por el medio. Las emociones y sentimientos negativos son

vacas que inadvertidamente adoptamos a lo largo de nuestra vida. Los hemos

aprendido y programado en el subconsciente de manera voluntaria y las

consecuencias son desastrosas.


La buena noticia es que así en el pasado hayamos permitido que nuestro entorno, o

aquellas personas que se encuentran a nuestro alrededor, nos hayan condicionado

para el fracaso, hoy podemos cambiar de actitud y reprogramar nuestra mente para el

éxito (esto es lo que yo llamo matar la vaca).


Los pensamientos negativos son vacas que no sólo te mantienen atado a la

mediocridad, sino que poco a poco destruyen tu vida. Generan fuerzas y sentimientos

nocivos dentro de ti, que suelen evidenciarse no sólo en estados emocionales dañinos

y perjudiciales, sino que también se manifiestan en males y aflicciones físicas, tales

como úlceras, males del corazón, hipertensión, problemas digestivos, migrañas y otras

aflicciones. Los pensamientos hostiles y de enojo, por ejemplo, suben la presión

arterial, mientras que el resentimiento y la tristeza debilitan el sistema inmune del

cuerpo.


Ciertamente, la vaca del pesimismo tiene efectos devastadores para la salud física y

mental. ¿Te has dado cuenta que aquellas personas que constantemente se quejan

por todo, son las mismas que suelen enfermarse con mayor frecuencia?


Si quieres conocer más a detalle sobre lo que el Dr. Camilo Cruz nos explica sobre nuestras "vacas" y como cambiarlas, te recomiendo sin duda que busques su libro.


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Mentor de Líderes

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