Lee esto antes de asociarte: La guía para asociarse con el socio ideal para tú proyecto

Actualizado: ago 26


Muchos empresarios exitosos nos dicen: "Si quieres ir deprisa, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado" el mensaje que transmite es que un equipo de trabajo nos puede ayudar a llegar mucho más lejos, que solo nosotros trabajando, es por eso que también dicen: "Varias mentes trabajan mejor que solo una" o "Varias mentes trabajando juntas le ganan al mayor de los genios" y creo que tiene mucho sentido. Pero, también algunos empresarios nos dicen los siguiente: "Mejor solo que mal acompañado" entonces, ¿debemos emprender solos o con socios?


Está claro que asociarse con una o varias personas tiene ventajas e

inconvenientes. Así que vamos a repasar aquellos puntos que deberíamos tener en

cuenta antes de casarnos con alguien.


ASOCIARSE CON AMIGOS O FAMILIA.


Regresando a los proverbios, se dice que «Quien tiene un amigo tiene un tesoro».

Y es cierto. Pero fijémonos en que la frase no dice «Quien tiene un amigo tiene un

socio». De hecho, un muy buen amigo NO tiene por qué ser un muy buen socio.

«¡Pero! Fulanito y yo somos amigos de toda la vida. Vino a nuestra boda y

siempre lo pasamos muy bien arreglando el mundo mientras tomamos unas

cervezas».


Por supuesto que sí. Y que siga siendo así por muchos años. Pero eso no quiere

decir que esa persona sea el socio que necesitas. Hay personas que como amigas son

perfectas, pero no te irías a vivir con ellas, ¿verdad?


Así pues, no nos dejemos llevar por las ganas de empezar algo con un amigo por

el simple hecho de que sea un amigo. Debemos valorar otras cuestiones. Además, debemos tener en cuenta el factor «ruptura». Imaginemos que, por cosas de la vida, el proyecto sale mal. Si lo hemos hecho con un socio de negocios, ahí queda el tema. La vida sigue y cada cual sigue su camino. Pero imaginemos que lo hemos hecho con un amigo de toda la vida. Dependiendo de cómo termine todo, podemos perderlo. ¿De verdad vale la pena perder una

amistad? Eso debemos sopesarlo.


Y aún peor si se trata de familia. Si pierdes un amigo, a pesar de lo triste que

pueda ser, no estás obligado a verlo de nuevo. Pero si se trata de un miembro de la

familia, estamos afectando no sólo a nuestra relación con él, sino también con el

resto de la familia. Imagina las celebraciones familiares: los cumpleaños,

Navidades, verbenas, etc. Podemos crear conflictos totalmente innecesarios.


Así pues, descartado el «buenrollismo», ¿qué factores deberíamos tener en

cuenta para elegir un socio? Bien, pues empecemos por la complementariedad.


SOCIOS COMPLEMENTARIOS


Uno de los principales factores (el principal, de hecho) que debemos tener en

cuenta a la hora de elegir un socio, es el nivel de complementariedad. O sea, que sea

una persona (o varias) con las que te complementes.

¿A qué me refiero? ¿Complementarios en qué, exactamente? Repasemos los

principales puntos que debes analizar.


HABILIDADES


Para empezar, las habilidades. O sea, conocimientos, estudios, etc. ¡El equipo

debe estar equilibrado! No hay nada peor (y créanme, estoy harto de verlo) que el

típico equipo de tres ingenieros que han estudiado juntos la carrera y cuando se

licencian montan un proyecto. Y cuando digo ingenieros podría decir informáticos,

relaciones públicas o graduados en marketing. Esos equipos están desequilibrados

completamente. ¿Por qué? Porque esos ingenieros seguramente tendrán un producto o servicio técnicamente infalible, pero les faltará saber cómo venderlo. El perfil profesional de un ingeniero se centra siempre en el producto: sus características, sus posibilidades, su

perfección. Puede ser que creen una verdadera obra maestra, pero que no vendan ni

una.


Variar el equipo con distintas habilidades es fundamental, por ejemplo; Un ingeniero, un vendedor (marketing) y un abogado. Sin duda, tienen un balance mayor para poder crear el producto, venderlo de la manera adecuada y cerrar tratos con nuevos clientes.


EXPERIENCIA


En segundo lugar, también deberíamos buscar socios que nos complementen en

cuanto a experiencia. ¿Qué recorrido ha tenido cada uno? Por ejemplo: quizá un socio ha estado trabajando durante muchos años en un sector concreto y tiene muchísima experiencia en ese campo, pero nunca ha emprendido. De eso no tiene ni idea. En cambio, el otro es un emprendedor nato que ha creado ya un par de proyectos exitosos y ahora busca emprender en ese sector (que él desconoce). Ahí tendríamos una pareja perfecta. ¿Se entiende la idea? ¿Se dan cuenta de cómo ahí encajan las piezas?


SOCIOS COINCIDENTES


Por otra parte, si bien es cierto que los socios deben complementarse, también es

cierto que deben ir «todos a una». Y para eso, permitanme que les hable de algo más

conceptual. En este caso debemos hablar de la «visión».


VISIÓN


Podríamos decir que la visión de una empresa es una especie de declaración que

indica hacia dónde se dirige, en qué pretende convertirse y qué quiere conseguir en

un futuro. La visión debería responder a preguntas del estilo «¿qué queremos llegar a

ser?» o «¿cuáles son nuestros deseos y aspiraciones?» o incluso «¿cuál es la imagen

que querríamos tener?».


Este concepto nos va como anillo al dedo para buscar socios, ya que todos deben compartir una misma visión. Si cada socio tiene una visión distinta de la empresa, mal vamos. Cinco ejemplos de visión de empresas conocidas para que se hagan una idea:


Samsung: «Inspirar al mundo para crear el futuro».

Honda: «Convertirnos en una compañía que la sociedad quiere que exista».

Nissan: «Enriquecer la vida de la gente».

McDonald’s: «Ser el lugar y la forma de comer preferidos de nuestros clientes».

Adidas: «Ser la marca líder de deportes en el mundo».


Como veis es algo muy genérico y, en realidad, bastante alejado de las pequeñas

decisiones que vais a tomar en el día a día, pero sí que nos sirven para ver si todos

los socios están en sintonía.


¿Están todos buscando lo mismo? Si no es así, es muy probable que a medio y

largo plazo esa unión acabe en ruptura, porque cada uno tiene una visión distinta de

la empresa. Nunca coincidirán en sus decisiones, porque hablan idiomas distintos.


MOTIVACIONES


En segundo lugar, tenemos otro factor que todos los socios deberían tener en

sintonía: las motivaciones. No digo que tengan que ser exactamente las mismas, pero

sí al menos estar en sintonía.


Me acuerdo muchísimo de un caso de dos socios que crearon un software de

contabilidad online. Vamos, un programa de gestión de facturas de los típicos,

enfocados a pymes españolas. Ambos estaban motivadísimos, pero por distintas

causas.


Uno se movía puramente por razones económicas. Quería monetizar el negocio lo

antes posible, ya que estaba sin trabajo y hacía varios meses que se le había acabado

el paro, con lo que no tenía ingresos.


Su socio, aunque igual de motivado, no tenía la misma necesidad. Este era

autónomo y seguía teniendo sus ingresos. Su motivación era de otra naturaleza.

Simplemente estaba disfrutando con el proyecto en sí. Él era el responsable de la

programación y el desarrollo técnico del proyecto y estaba encantado con ello,

porque podía aprender muchas cosas que le servían para su trabajo como

programador.


Así pues, fijémonos: tenían las mismas ganas de llevar adelante el proyecto, pero

dos motivaciones completamente distintas. Eso hacía que también los caminos fueran

distintos. Una buscaba la «excelencia» en el servicio, lanzarlo con un nivel de

calidad y acabado muy alto, mientras que al otro le valía con los mínimos, lo que

ahora se llama «aproximación lean startup».


El proyecto no llegó a salir nunca y los dos socios acabaron a malas.

Y el caso es que ninguno de los dos era «el bueno» o «el malo». Ninguno de

ellos tenía más razón que el otro. Las dos aproximaciones eran válidas. Ninguna

estaba mal. Simplemente eran incompatibles.


Así pues, cuando busques un socio, asegúrate de no sólo de que compartes la

misma visión, sino también las mismas motivaciones.


NIVEL


Y en tercer y último lugar, debemos buscar socios que se encuentren el en mismo

punto del camino, con el mismo (o similar) nivel. Con esto me refiero a que es mucho más fácil que funcione un proyecto con socios «análogos». Si, por ejemplo, uno de ellos tiene 25 años de experiencia que aportar al proyecto y el otro acaba de empezar, ese desajuste hará mella en ambos desde el primer momento.


Y eso ocurre incluso con experiencias de sectores muy distintos. Por ejemplo:

supongamos que tenemos dos socios, Juan y Pedro, ambos con diez años de

experiencia en marketing y en programación, respectivamente. Eso quiere decir que

cada uno aportará los conocimientos de su sector y quedarán equilibrados.

Pero ahora, supongamos que Pedro trabaja como programador desde hace sólo

seis meses. Cierto es que el equilibrio de sectores está compensado (marketing y

programación), pero al tener niveles tan dispares, antes o después algo va a fallar, ya

que no podrán avanzar al mismo ritmo. Uno irá mucho más rápido con menos

esfuerzo, mientras que al otro le costará horrores y los frutos serán mucho más

escasos. Ese desequilibrio suele hacer que uno de los dos socios perciba que el otro

«está trabajando menos» y eso, a largo plazo, acaba por romper el equipo.


Así pues, debemos aceptar los límites de cada uno y mencionarlos desde el

primer momento, para que desde el principio se sepa lo que puede aportar cada cual.

En resumen: busca a alguien con tu mismo nivel. Asegúrate de que el trabajo que

ambos podéis realizar quede compensado (aunque sean temas muy distintos) para

evitar problemas en el futuro. Y esto precisamente nos lleva al siguiente punto.


PACTO DE SOCIOS


El pacto de socios es un documento muy genérico en el que, básicamente, se

resumen los deberes y derechos de los socios. Ahí es donde, entre otras cosas, suele establecerse el papel de cada uno, los porcentajes, los posibles imprevistos (por ejemplo, qué pasa si uno quiere abandonar el proyecto o vender su parte, etc.). Vamos, que podemos ser tan generalistas o detallistas como queramos.


Este documento no está regulado por ninguna ley. Además, no requiere ningún

requisito formal. No se debe inscribir en el Registro Mercantil ni ante ninguna otra

autoridad pública. Aunque en algunos casos se firma ante notario para darle más

relevancia.


Pero eso no es lo más importante en un pacto de socios. Lo realmente importante

es hacerlo. O sea, dedicar un rato a sentarse, pensar y escribirlo. Porque en muchas

ocasiones, eso dará pie a posibles discusiones y debates sobre su contenido. En la

mayoría de los casos hay muchas cosas que se dan por supuestas por alguna de las

partes, pero no por la otra. Escribir ese documento eliminará posibles ambigüedades

y malentendidos.


El pacto de socios debería estar bien definido, mejor cuanto más detallado.

Tampoco hace falta escribir la Biblia en verso, pero intentemos no ser demasiado

generalistas.


Recuerdo el caso de un grupo de cinco personas que querían lanzar un proyecto.

Todos habían hecho un curso de marketing digital y aquel proyecto era el trabajo de

fin de curso que habían presentado. Al acabar el máster, decidieron hacerlo realidad.

Y contactaron conmigo para que les guiara en la estrategia.

En la primera sesión les puse «deberes» para realizar el estudio de mercado.

Una de las cosas que tenían que hacer era buscar información sobre la competencia.


Fácil, ¿verdad? Pues no.


Resulta que cada uno de ellos entendió «buscar información» de una forma

completamente distinta. Sí, cierto. Todos ellos entendían el concepto. Pero mientras

que para uno era «veinte minutos mirando en Google», para otro era «tres días

realizando comparativas con informes del Instituto Nacional de Estadística». Así

pues, unos dedicaron jornadas enteras y otros un ratito mientras desayunaban.

Y todo era lo mismo: buscar información.


Así pues, deberíamos detallar la carga de trabajo de cada uno. Por ejemplo:

dedicar media jornada a hacer trabajos de programación en la web o dedicar ocho

horas al día a captación comercial. Eso no da pie a ningún malentendido y cada

socio sabe lo que tendrá que hacer en caso de que se siga adelante.

Por otra parte, también es muy aconsejable rendir cuentas periódicamente. Ojo,

tampoco estoy diciendo que tengamos que estar controlándonos los unos a los otros

constantemente, pero sí que está bien establecer reuniones periódicas para ver los

avances realizados.


El objetivo de estas pequeñas reuniones (o briefings de diez minutos) es

animarse los unos a los otros, llevar un cierto control y también que os exijáis entre

vosotros. Si sabemos que tenemos una «minisesión de control», va a ser mucho más

fácil que no nos durmamos en los laureles, ya que los socios ejercerán de accountability partners.


ANTES DE CASARSE, VIVAN JUNTOS UNA TEMPORADA


Este consejo tan clásico que se suele dar a cualquier pareja, también es apropiado para los socios. No monten ninguna empresa sin haber trabajado juntos antes. No emprendan ningún gran proyecto sin haber trabajado juntos antes. No se casen sin antes vivir juntos una temporada.


¿Quién dice que se van a soportar los unos a los otros? ¿Quién dice que van a

estar a gusto? ¿Quién dice que se van a sentir cómodos trabajando con esas

personas? Hasta que no se prueba, no se sabe. Y no quiero causar alarma general. No

tiene por qué pasar. ¡Quizá se lleven estupendamente! Pero por si acaso, primero prueben.

¿Cómo?

Con un proyecto pequeño: un previo. Con una aproximación. Si, por ejemplo,

queréis crear un servicio online (SaaS), empezad creando algo simple, como una

web en la que se ofrezca una versión mucho más reducida de lo que tenéis en mente.

Además de serviros como inbound marketing y ver la reacción del mercado,

también será útil para tantearos el uno al otro. O si, por ejemplo, queréis lanzar un

plugin para WordPress en el que basar un negocio, primero cread y lanzad una

pequeña extensión gratuita. Ya habrá tiempo de casaros. De momento, «vivid en

pecado» durante una temporada.


GESTIÓN DE CONFLICTOS


Otro punto clave que deberíais trabajar antes o después (mejor que sea lo antes

posible) es la gestión de conflictos.


Por mucho que se quieran,o por muy bien que se lleven, por mucho que se

atraigan físicamente y por mucho que seas los mejores amigos del alma, antes o

después... surgirá un conflicto. Es inevitable. Es imperativo, vamos. Tienen que surgir conflictos. Forzosamente.


Pero ojo, que «lo importante» no es el conflicto en sí. Eso ya se da por hecho.

Habrá conflictos seguro, pero eso no es malo. Es normal. La clave (que puede ser

muy buena o muy mala) es la GESTIÓN de los mismos.


Una buena gestión del conflicto hace que este desaparezca de forma rápida y tan

fácil como llegó. Una mala gestión del conflicto puede hacer que se enquiste y crezca

hasta proporciones insostenibles. ESO es lo que deberíamos evitar. Ese efecto bola

de nieve. Debemos pararlo cuanto antes.


Así pues, aunque parezca surrealista, sería aconsejable tener el primer conflicto

lo antes posible. ¿Por qué? Porque haberlos los habrá. O sea, que cuanto antes

veamos lo buenos que somos gestionándolos, mejor.

Cuando hablo de conflictos a veces parece que tiene que ser un GRAN conflicto,

algo de vida o muerte. No, para nada. De hecho, esos son los más fáciles, porque

deben solucionarse sí o sí.


Los difíciles son los «pequeños» conflictos. Pequeños desacuerdos entre socios, pequeñas frustraciones por parte de uno de ellos, pequeños problemillas de comunicación... Esos son más peligrosos que un niño de cinco años aburrido.


¿Por qué? ¡Porque no se comunican! No se hablan. «Total, tampoco es tan importante... No

vale la pena hablarlo... No quiero crear malos rollos...». Quedan ahí durante días,

semanas, meses... Y cuanto más tiempo pasa, peor. Porque en esos casos ya no son

tan pequeños, porque han ido haciendo cada vez más mella. Pero claro, a esas

alturas te dices: «¿Cómo voy a sacar ese tema ahora? ¿Cómo voy a decirle ahora que

hace meses que no me gusta cómo hace no sé qué cosa?». Así pues, en cuanto a conflictos, lo mejor es atacarlos de raíz. En cuanto una rueda chirría, en cuanto algo del mecanismo falla, en cuanto se detecta un ruidito en el engranaje... Hablenlo.


Pero por favor, háganlo de forma razonable, sin darle un tono sensacionalista ni

dramático. Si es un pequeño ruidito, tratarlo como tal. Me refiero a que, en lugar de

enfocarlo así: «¡TENEMOS QUE HABLAR! Tenemos un problema. Vamos a reunirnos con

caras largas para hablar de lo mal que se está haciendo esto y lo disgustado que

estoy con todo». Mejor usar una aproximación más ligera, como:

«Oye Pepe, este punto de aquí no lo acabo de ver claro. ¿Lo podemos comentar?

Creo que si lo hacemos de otra forma puede funcionar mejor». Evidentemente, esto es una caricatura. Pero seguro que ya saben por dónde voy y tienes en mente a algún conocido que gestiona los conflictos haciendo una montaña de un grano de arena. Simplemente debemos atacar el pequeño conflicto antes de que crezca, de forma abierta y con mentalidad abierta, pensando que vamos todos a una, con la misma visión y motivación. Si lo hacemos así, los conflictos nunca van a más.


HABLA CON ALGUIEN QUE LO HAYA HECHO


Créanme: no hay nada mejor que hablar con gente que haya pasado ya por esa

experiencia. Yo les podría decir misa, les podría poner mil ejemplos, podría escribir

un libro entero sobre esto. Pero si tienes a alguien cerca, alguien conocido, alguien

entre tus círculos que haya estado (o que incluso ahora esté) como socio en un

proyecto o empresa, pídele un consejo.


Les aseguro que vale la pena. Ya veras como lo tendrá clarísimo. ¿Por qué?

Porque lo habrá vivido en sus propias carnes. Especialmente si ha ido mal. Si ha

tenido la suerte de que todo le haya ido bien, seguramente pensará, suspirará y te

enumerará esos «roces» que ha podido tener a lo largo de su experiencia con socios.

Pero si el tema acabó mal (o está yendo mal) ya veras como su respuesta es

inmediata.


O sea, que les pongo deberes. Si tienes pensado buscar socios para montar

tú proyecto, primero busca entre tú familia y amigos alguien que ya lo

haya hecho y pregúntale: «Si tuvieras que asociarte otra vez con una o varias

personas, ¿qué tendrías en cuenta? ¿Qué valorarías más?».

Luego podrás hacerle caso o no (faltaría más), pero seguro que aprenderás

mucho.


Referencias:


En cien años todos muertos, Boluda Joan, 2016.


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