Deja de cuidar tú lana y empieza mejor a moverla.

Actualizado: jul 19


No dejes para mañana, lo que puedes invertir HOY!


Pensemos que somos los más ahorradores, disciplinados y todo lo que gusten y manden, que logramos hacer un buen guardadito, pero si no lo sabemos mover, cada vez podremos comprar menos con ese dinero: como la tendencia natural es que las cosas vayan subiendo de precio, la inflación se va comiendo su valor.


Chance con 200 pesos te alcanzaba para comprar fruta, una ensalada, carne y hasta postre, pero si guardas esos mismos 200 pesos, en un año ya para el postre no te va a alcanzar; en dos, chance te tengas que hacer vegetariano y en cinco años, con esa misma lana sólo podrás comprar fruta.


De alguna manera no invertir tus ahorros es subir el grado de dificultad para alcanzar tus metas, porque en lugar de ganarle la carrera sólo a tu “yo gastalón”, ahora tienes dos contendientes: tu “gastitis” y la inflación. Si no le ganamos a la segunda, estamos fritos porque nuestro patrimonio se va encogiendo en lugar de crecer y multiplicarse.


Otras ventajas de poner tu dinero a trabajar es que evita que se te vaya como agua, porque clásico que te pagan el bono y ahora sí lo quieres invertir, pero como te tardas en decidir entre la parrandita, el viajecín, las comidas o cualquier imprevisto, se esfuma... por ahí dicen que de buenas intenciones están llenos los panteones, así que mejor en caliente.


Las metas por delante: antes de hablar de la bolsa, bienes raices o cetes, dime para qué

quieres invertir.


La mayoría le saca la vuelta al tema de las inversiones porque jura y perjura que para invertir su primer peso tiene que casi casi pasar por toda la carrera y maestría de administración financiera, economía o contaduría, recitar sin error el glosario de la Bolsa Mexicana de Valores y saber perfecto cómo valuar una acción, cuando la realidad es muy diferente: la verdad, lo más importante que debes saber para invertir no es el nombre de las empresas o qué diablos es un derivado —ándenle, ya nos queremos poner elegantes—, sino para qué carambas quieres el dinero que inviertes y cuándo lo vas a usar.


Puede sonar simplista, pero de verdad el error más común es querer empezar por ¿cuál es la mejor inversión? ¿Cuál es el mejor instrumento? Sin saber ¿para qué? Si alguien te responde cualquiera de las dos anteriores sin la tercera, es un embustero o no hace la chamba como asesor. Es más, entrar sin hacerte esta pregunta es casi una garantía de pérdida o por lo menos de llevarte unos buenos sustos.


Digamos que esta base de las inversiones es donde la lana se pone filosófica e introspectiva: ¿cuáles son tus metas durante este año? ¿Qué proyectos importantes tienes para dentro de tres años? ¿Cuánto cuesta y en cuánto tiempo quisieras cumplir el viaje que has anhelado toda la vida, comprar la casa que siempre quisiste, independizarte o la etiqueta que tenga tu sueño dorado? ¿Cómo te gustaría que fuera tu retiro?


Si tú no sabes lo que quieres y cuándo lo quieres, las probabilidades de que te enjareten la promoción del mes, en lugar de la solución de inversión que necesitas son realmente altas, y no queremos eso, ¿o sí?


Hagamos el primer intento:


Escribe en la siguiente tabla tus metas y cuánto destinarías a cada una:


No es nada fácil establecer los plazos de nuestras inversiones, sobre todo si es la primera vez que nos animamos a dejar el colchón para poner el dinero a trabajar, pero es una de las cuestiones más importantes para decidir en qué podemos meter nuestra lana, así que hay que echarle ganitas.


¿Por qué? Sencillito: la regla es que entre MENOS tiempo tengas para invertir MENOS riesgo puedes asumir. Y hay que recordar la máxima de, “a mayor riesgo mayor rendimiento”, y al revés: entre más seguridad requieras, menor será el rendimiento que puedas obtener.


Finalmente, el rendimiento es el premio que nos dan por invertir nuestra lana. ¿Por qué correríamos más riesgo con nuestro dinero si esa inversión no nos pagará más?

Pero regresemos a la relación del riesgo y el tiempo. El riesgo en las inversiones es la posibilidad de que pierdas. Sí, aunque suene gacho, eso es. Puede ser que pierdas sólo los intereses que habías ganado o incluso lo que invertiste al principio (capital o principal).


Riesgo también puede ser que los resultados sean distintos a los que esperabas.


El tiempo es relevante para el nivel de riesgo y el rendimiento, por la simple razón del plazo que tienes para recuperarte de un potencial vaivén. Si necesitaras esa lana en tres meses y te crees bien temerario y tu inversión se da un trancazo, ¡mala tarde!, puede que el plazo que te queda no sea suficiente para que se recupere para la fecha en que lo ibas a usar. En cambio, como dice el tango “Volver”: una caída de días o meses en una inversión a veinte años “no es nada”. Igual rebota y no es nada grave porque tienes esas décadas para que se recupere y suba.


Con el tiempo hay que ser más estrictos y darle una buena pensada. Un chico pidió alternativas para un monto que era “para no tocar en un año”, y yo me pregunté, ¿por nada del mundo? ¿Ni por emergencias? ¿Seguro? ¿Segurísimo? ¿Ya tienes el ahorro separado para eso?


“Sin tocarlo por nada del mundo” debería ser la frase cuando establecemos nuestro horizonte de inversión, que por cierto es una chula palabra, ¿a poco no se imaginan una puesta de sol y viendo “hasta siempre”?


El horizonte de inversión es el periodo ideal que tu dinero debe estar invertido para que genere rendimientos óptimos de acuerdo con el nivel de riesgo que estamos asumiendo.

Y la parte de decir que ni para emergencias es una advertencia de que las inversiones son lana o extra o dinero que no te hace falta en el momento y que para imprevistos debes tener un guardadito fácilmente convertible a efectivo, sin que te cobren penalizaciones o tengas que malbaratarlo, que para los financieros es la famosa liquidez. Su definición popof de hecho es: “El grado en que un activo se puede vender o comprar en el mercado —también se puede decir convertir en efectivo— sin que se afecte su precio.”

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